Amak Valle Sagrado: un lugar creado para experiencias auténticas Destacado

El Valle Sagrado es realmente mágico. La cordillera que la rodea está llena no solo de impresionantes sitios arqueológicos, sino de montañas milenarias capaces de dibujar paisajes imponentes. Una de ellas es el nevado Pitusiray, apu protector de la provincia de Calca, más conocido como la Ñusta Pitusiray, ya que representa un ente femenino.

En medio de este valle agrícola lleno de historia, el hotel Amak permite disfrutar no solo de una vista prodigiosa a este nevado, sino de la compañía sanadora del Wilcamayu (Río Sagrado), conocido como Vilcabamba, y en cuyo tránsito hacia las zonas bajas (como Machu Picchu) toma el nombre de río Urubamba.

Cuando viajamos, lo hacemos en busca de experiencias novedosas, pero usualmente caemos repitiendo los mismos viajes programados que otros hicieron. Si viajas a Cusco, una buena manera de hacer cosas nuevas es hospedándote fuera de la ciudad y conocer el abanico de alternativas que se ofrecen fuera del circuito turístico convencional

Simplicidad de lujo

Llegar al hotel es sencillo. Desde Cusco se puede ir hasta Calca (1 hora) y desde allí se puede tomar la ruta hacia la ciudad de Urubamba. El hotel se encuentra a 10-15 minutos desde Calca. Desde la carretera, solo hay que caminar durante 5 minutos por un sendero de tierra que atraviesa un campo de fresas.

El Amak no se complica con las formalidades del check-in. Llegar a su infraestructura de estilo rústico, con paredes de adobe y piedra, y techos y balcones de bambú, es como llegar a casa y ser atendido por los miembros más adorables de tu propia familia.

Lo que busca el hotel es justamente eso: evitar repetir los patrones de la hotelería convencional, en el que el servicio del personal resulta, a veces, invasivo. “Menos es más”, nos comenta Enrique Navarro, gerente general de Amak Hoteles, para resumir su apuesta por la horizontalidad y la autenticidad en el servicio.

Operación Horizontal

Y se siente. La calidez del personal de Amak es auténtica, transparente y oportuna. Está cuando lo necesitas, pero te permite disfrutar de la estadía como si lo hicieras en una casa de campo propia, donde puedes recorrer libremente las instalaciones, trabajar en el lobby como si fuera tu propia sala, ir al restaurante solo para oír el arrullo del Wilcamayu sin que te pregunten si te servirás algo.

Además, pueden ser los mejores consejeros a la hora de moverte de allí. Por ejemplo, si quieres tomar una ruta de aventura como ciclismo en montaña, visitar el museo Inkariy, ir en transporte público a las ciudades cercanas o hacer una caminata al nevado Pitusiray para conocer la laguna Kankan, todo se hace más fácil si les preguntas a ellos, ya que todos viven en las zonas aledañas.

Esta es otra de las apuestas de Amak: contar con un personal netamente local, capacitarlos en el lenguaje estándar de la hotelería e imbuirlos de esa filosofía que mezcla vocación de servicio y autenticidad.

Sostenibilidad

Y no solo cuenta con personal local, también maneja una red de operadores turísticos locales que ofrecen una gama de servicios para todo tipo de visitantes. Asimismo, su cocina lleva el sello “Kilómetro Cero”, con el uso exclusivo de insumos que se encuentran en su totalidad alrededor del valle.

Ello es parte de su apuesta por la sostenibilidad. Llegar a un lugar para imponer un modo de ver las cosas, no es lo suyo. En cambio, sí llegar a un lugar, ver y revalorizar lo que hay alrededor, generar un intercambio cultural a través de capacitaciones, absorber mano de obra local, insumos agrícolas locales, y aliarse con una red que comparta su misma filosofía de responsabilidad con la naturaleza y las comunidades. Esa es la apuesta de Amak.

Hospedaje de lujo

Para las personas de corazón nómade, como yo, es difícil permanecer mucho tiempo en los hoteles. Estos son más bien una excusa para echar a andar. Sin embargo, el Amak tiene algo que demora mucho estas salidas diarias o que hacen que quieras regresar más temprano a la habitación.

No solo es el arrullo del río, es todo el conjunto de montañas y luces que abrazan este paisaje encantador en el que te quieres sumergir por horas. Los sonidos de la naturaleza, el clima y la atmósfera mística del lugar hacen que quieras permanecer más tiempo en sus instalaciones.

Después de todo, viajar para desconectarse de la ciudad es eso: huir hacia la naturaleza, y la naturaleza está en las ventanas de las 23 habitaciones del Amak.

Texto y fotos: Claudia Ugarte
INFOTUR LATAM
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

Valora este artículo
(1 Voto)
Modificado por última vez en Lunes, 14 Junio 2021 19:08
© 2017 Infotur Perú. Todos los Derechos Reservados por GLOBALTEX PUBLICIDAD SAC

Solución web por Pumahostweb